Un año con menos plástico

Siempre tengo un reto en mente y hace tiempo que me ronda por la cabeza empezar a vivir con menos plástico en casa. Cada vez surgen más iniciativas, influencers, bloggers y hasta tiendas que promueven el vivir sin plástico. Todos ellos con el objetivo de generar el mínimo de residuos posible, acercándose al máximo al zero waste.

De los 5 contenedores de basura que tenemos en casa, el que se llena antes es el de plástico. Está claro que el volumen de los envases hace que se llene en seguida, porque hoy en día ¡todo (o casi todo) lleva su envase de plástico! Alimentos, cosméticos, juguetes y también la ropa.

Así que voy a ir empezando poco a poco, integrando un cambio cada mes durante este primer año y os lo iré explicando en el blog.

¿Y por qué no lo hago de golpe?

Como fan absoluta de la filosofía Slow, Coach y madre creo en los cambios progresivos, tomando conciencia de ellos y haciendo fácil el camino, para que los tuyos también te puedan acompañar. ¡La aventura será mucho más divertida!.

Se necesitan 21 días para coger un buen hábito, así que yo me he dado unos días más para ir interiorizando cada pequeño cambio y así ir tomando una mayor conciencia. Observando las dudas que me vayan surgiendo, encontrando el producto perfecto, porque quizás con algunos no acierto a la primera, y sobre todo disfrutando del camino.

No será fácil, pero por algo se empieza y ¡este mes de Julio toca ponerse las pilas!

¿Y por qué ahora?

Primero porque en pleno verano rompemos las dinámicas de escuela-casa-trabajo-deporte-cena y a dormir.

Con el ritmo de verano, los cambios de hábitos siempre son más fáciles y además puede ser un aliciente para los más pequeños.

Y segundo porque Julio es el mes sin plástico. Una iniciativa australiana que existe desde el 2011 a la que me uno ahora para empezar mi año con menos plástico.

La iniciativa Plastic Free July (Julio Sin Plástico) me ha estado resonando desde el día 1 de Julio y he decidido a empezar YA a reducir el plástico en mi vida. Consiste en eliminar el plástico de un solo uso durante un mes. Así que ya no tengo más excusas y ¡me pongo en marcha!

Mi reto para este año es adquirir el hábito de reducir el plástico en mi vida y en mi casa, con el objetivo final de contribuir en la tarea de limpiar los océanos.

En Europa se generan millones de toneladas de residuos cada año, de los que poco más del 50% se pueden reciclar o recuperar y el resto acaban en vertederos. A nivel mundial se ha llegado a calcular que en el 2025, 250 millones de toneladas métricas pueden llegar a los océanos. Con todas las repercusiones que esto puede causar en los animales, en todo el ecosistema marino y en nosotros como representantes del último nivel de la cadena alimentaria.

Menos plástico, más mediterráneo” es el nombre de la última campaña que Greenpeace sacó a la luz el pasado 8 de Junio, el Día Mundial de los Océanos. El Mediterráneo está cada vez más contaminado por plásticos y se calcula que hay hasta 50 trillones de fragmentos de plásticos flotando en los océanos, sin incluir los que se encuentran en el fondo.

El plástico no se degrada y reciclar no es la solución, porque todo el plástico que reciclamos no se puede volver a utilizar. Y llegan al mar de muchas maneras. Algunos se tiran deliberadamente, otros llegan con las corrientes de aire o agua dulce y a partir de ahí empieza su largo viaje.

PRIMER MES : LIMPIAR LA PLAYA

El primer mes de mi año con menos plástico lo empezamos limpiando la playa. En pleno verano vamos más, con lo que encuentras muchas más cosas.

Es una actividad ideal para hacer con los niños, con la que toman conciencia y se dan cuenta de la cantidad de objetos que van a parar a la arena, aunque haya cubos de basura cerca.

Para que los niños no se cansaran en seguida, les di dos opciones a partir de un par de iniciativas que ya existen y que encontré ideales para ellos. Porque son fáciles y no implican mucho tiempo.

  • 2 Minute Beach Clean, es la iniciativa de Martin, escritor y surfista inglés que después de unas fuertes tormentas que llenaron las playas de Reino Unido de plásticos durante el invierno de 2013-2014, se propuso limpiarlas durante 2 minutos cada día. Actualmente ha fundado una organización sin ánimo de lucro, fácilmente replicable a nuestras playas. Ahí lo dejo 😉

Si te animas a limpiar tu playa cada día durante dos minutos, puedes etiquetarlos o añadir su hashtag #2minutebeachclean

 

  • El mensaje de Take 3 es simple: llévate 3 cosas de la playa cuando te vayas, o de cualquier otro sitio y ¡marca la diferencia! Tienen una misión y una visión muy claras, desde su organización sin ánimo de lucro y llevan trabajando en su objetivo de limpiar los océanos de plástico desde 2009 en Sidney, Australia.

En definitiva, las dos iniciativas mueven a un colectivo, cada vez mayor de gente con la visión de reducir el plástico en nuestro planeta y la visión de hacerlo mediante la educación y la participación.

En nuestro caso los niños decidieron poner en marcha la iniciativa de Take 3, porque supongo que les parecía más fácil, y al final se fueron animando y nos recorrimos toda la playa.

Ayer escogimos una playa de Sitges y tuvimos la suerte de que se puso a llover en cuanto llegamos. La playa se vació en cuestión de segundos, mientras nos cobijamos debajo de un toldo y en cuanto paró de llover empezamos nuestra limpieza. Encontramos colillas de tabaco (muchísimas), plásticos de varios tamaños, etiquetas de protectores solares y otros, hierros, restos de petardos, una cañita de plástico y juguetes. Y otras cosas que no nos atrevimos a coger porque tampoco íbamos preparados.

A los niños les impactó. La verdad es que cuando estás en la playa no te fijas, pero si pones el chip de limpiar, encuentras cosas realmente sorprendentes.

Seguiremos limpiando la playa este verano, mientras vamos pensando en el segundo paso hacia nuestro año con menos plásticos.

¿Te unes? ¿Compartimos experiencias? #unañoconmenosplastico #turnplasticoff

 

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Mensaje en una etiqueta. Una decisión difícil. Cap.3

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La habitación estaba completamente en silencio, tanto que oíamos las golondrinas en el jardín,en pleno ajetreo veraniego, seguramente preparando los nidos. Miguel mantenía una actitud despreocupada mientras inspeccionaba con gran interés el globo terráqueo que presidía la sala. Yo acariciaba mi frente con la etiqueta desprendida del pantalón de Raza, como si así la solución a qué hacer tuviese que venir tarde o temprano a mi cabeza.

-Bueno, ¡ya está bien de preocuparse!- Exclama Miguel dando un manotazo al globo terráqueo haciéndolo girar a gran velocidad. -No podemos hacer nada, como máximo podemos denunciarlo a la Policía, ¿qué más podemos hacer?-

-Miguel, ¿pero tú sabes que significa esto, ¿cuánta gente…cuántas famílias pueden estar sufriendo? – Le replico

-Si tanto te preocupa, lo denunciamos a las autoridades y listo…es que…incluso podría ser una broma de mal gusto- Comenta Miguel mientras ve pasar los países uno tras otro como en un viaje infinito.

-Pero vamos a ver Miguel, no si eres consciente de la situación, hemos encontrado una etiqueta en un pantalón en la cual una persona ha escrito que han sido secuestrados y que les obligan a trabajar confeccionando ropa en un zulo en Bangladesh ¿Cómo puedes ser tan insensible al sufrimiento manifiesto de otras personas?  ¿Tú crees que si lo denunciamos, va a servir de algo? Le digo mientras me levanto de la silla visiblemente contrariado.

En ese momento se abre la puerta y entra Eli con su libreta en la mano. – ¡Hola! ¿Cómo han ido las rebajas?- pregunta de manera relajada.

-Uf qué caras…¿no habéis encontrado la talla? ¿ya no quedaba nada? o lo que es peor ¿la ropa es de tan mala calidad que no ha llegado entera a casa?, jajaja….- se ríe de manera divertida.

-Eli siéntate – le digo –

– mmmh, es realmente grave lo que os ha pasado entonces – exclama mientras borra su sonrisa.

– Mira lo que hemos encontrado en la etiqueta del pantalón que se estaba provando Miguel- le digo mientras extendiendo el brazo le enseño el mensaje.

– ¡Esto es muy grave, debemos hacer algo, debemos denunciarlo a la Policía! – exclama Eli justo después de leer el mensaje.

– ¡No, no podemos denunciarlo a la Policía, las grandes multinacionales como Raza están muy protegidas por la autoridades y cuando nos vayamos simplemente van a guardar el mensaje en un cajón y nunca más se sabrá nada, he estado muchos años en el sector y se como funciona . ¡Hay vidas en juego…no nos lo podemos tomar a la ligera! – comento exaltado mientras me levanto de la silla y salgo de la habitación.

– Eli tienes que calmar a Lázaro, está muy exaltado – Le comenta Miguel en voz baja intentando que no le escuchase.

– Miguel, lo voy a intentar pero si él toma una decisión no voy a poder pararle, este tipo de cosas le tocan muy adentro desde su último viaje a Bangladesh cuándo aún trabajaba diseñando- Dice Eli mientras aparezco otra vez en la habitación con una vaso de agua helada en una mano y un papel impreso en la otra.

-Lázaro, ¿estás bien?- exclama Eli mientras me coge del brazo cariñosamente.

-Sí mejor que antes, he tomado una decisión, se que va a ser complicado pero no permitir quedarme de brazos cruzados ante esta situación, no desde que presencié las condiciones en las que estaban trabajando esos miles de chicos y chicas en Bangladesh…sabía que no tenia que haber ido de rebajas contigo Miguel, pero ahora ya no hay vuelta atrás- Les explico mientras, ya con una cara más relajada, voy dando pequeños sorbos al vaso de agua.

Eli se sienta y se tapa la cara con las manos -por favor Lázaro, ¿qué estás pensando?-

– El próximo vuelo a Bangladesh sale mañana de Barcelona, me voy para allá. Cuándo esté allí me podré en contacto conRanjit, mi antiguo contacto de empresa allí para poder pasar unos días en su casa mientras me sitúo- Les comento mientras con gran delizadeza aparto el pelo de Eli y le miro fijamente a los ojos. – Sabes que no puedo vivir sabeindo algo así ¿verdad?-

-Sí cariño, lo se, pero…¿los niños, tu trabajo…yo?- me dice agachando la cabeza sabiendo que en estos momentos no hay nada que pueda hacer.

-Lázaro, es muy peligroso, ¿eres conciente?, no sabes que te vas a encontrar allí, ni quién está detras de todo este problema – Exclama Miguel intentando harcerme cambiar de opinión.

-Es inútil Miguel…no sigas, es un tema mío, iré solo y todo irá bien- le digo.

Miguel se pone las manos en la cara y se la aprieta mientras suelta un gran soplido – No te puedo dejar solo,¡por Diooooos! Te acompaño, almenos así mantendré informado a tu família-

-Gracias Miguel, eres un buen amigo- le digo mientras abrazo fuertemente a Eli que ha roto a llorar.

Continuará…

Lee el capítulo 2 aquí.

Mensaje en una etiqueta. Un descubrimiento sorprendente. Cap.2

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Sus finos dedos sostenían el bolígrafo con el que apuntaba con un ritmo acompasado las sensaciones de su paciente. Parecía que para ella el tiempo no había pasado. Eli conservaba su belleza natural, una piel tersa y suave, una figura alta y esbelta, un pelo largo y sedoso casi siempre recojido con pinzas o pasadores – tenía la manía de tocarse el pelo mientras trabajaba y por eso decidió llevarlo siempre así- y sobretodo un positivismo perpetuo que la hacían irresistible. Y eso que ya habían pasado veinte años desde que nos conocimos en aquella ONG, ella necesitaba un tiempo para reflexionar después de su última ruptura y yo buscaba una emoción extra en mi vida y hacer algo diferente que me sacase de la rutina. La atracción fue mutúa y enseguida nos hicimos inseparables en la misión, y luego también en la vida.

Decidí interrumpirla – Eli – Le dije en voz baja para no sobresaltarla – esta tarde voy a acompañar a Miguel a comprar ropa al centro de la ciudad – continué. –¿A comprar ropa al centro? mmmh, está bien, pero tienes que llevar a los niños con tus padres, yo tengo consulta hasta tarde y ellos no se opueden quedar solos– Me dijo sin levantar los ojos de su libreta. – Sí, ya lo se, volveré lo antes posible, espero que Miguel se decida deprisa– Le contesté cerrando la puerta de la habitacíon lentamente para no hacer ruido.

Bajé al obrador rapidamente para acabar de lavar los moldes que había utilizado por la mañana, era una tarea agotadora pero sabía que si quería realizar un trabajo que me aportase algo más que un sueldo a final de mes me debía sacrificar y por ahora no me podía permitir ni por asomo contratar a nadie para realizar ninguna labor por más dura que fuese para mi.

Realicé el lavado más rápido que nunca, no sabía porqué pero algo me decía que el encuentro con Miguel no iba a ser un simple “ir de compras”. Me lavé las manos, me quité el delantal y subí de dos en dos las escaleras que llevaban hasta la entrada de la casa. Desde allí se oían revolotear los niños arriba, seguramente se debían estar peleando por cualquier cosa sin importancia. – ¡Víctor, David, bajad que nos vamos a casa de los abuelos! les grité asomándome a las escaleras,aunque sabía del cierto que tendría que subir a buscarlos, no tenían remedio, cuando estaban juntos se podían tirar horas jugando o como dije peleándose. !Víctor, David bajad ya! Nada.

Con decisión subo al piso de arriba y me los encuentro jugando animadamente con sus gran pirámide de bloques de madera –el mejor regalo que nos han hecho en la vida, la gente cree que los niños necesitan complejos juguetes para divertirse y no saben que debemos dejar que sean ellos los que construyan – pienso.

David, Víctor, va, que nos vamos a casa de los abuelos- les digo sin perder un momento. –Yujuuuu- contestan al unísono. Les encantan los cambios de planes y recogen sus juguetes con gran rapidez. En menos de dos minutos ya estamos en el coche a punto de marcha. El coche desciende la sinuosa senda que nos lleva a una carretera secundaria en al que rara vez vemos pasar nadie. Nos encantaba vivir en un sitio así de tranquilo.

¿Papá y por qué vamos hoy a casa de los abuelos?- me pregunta Víctor. – Mi amigo Miguel me a propuesto que le acompañe a comprar al centro de la ciudad- Le digo. –Buf, qué rollo, nosotros preferimos ir a casa de los abuelos, ellos siempre nos preparan para merendar lo que más nos gusta- Me contesta. Mientras David, el más pequeño de los dos ya duerme plácidamente, no hay nada como el coche para hacer dormir a un niño.

Mis padres viven también en un pequeño pueblo a diez kilómetros de nuestra casa, no tardamos en llegar. Víctor baja nerviosamente del coche y se abraza a su abuela. David sigue durmiendo y lo dejo suavemente tendido en el sofá. Les doy un beso en la mejilla a cada uno y me dispongo subir al coche cuando mi madre me dice – No hagas tonteríasMamá tengo 40 años, aún crees que…., en fin… sí mamá no te preocupes- Le digo resignado, sabiendo que las madres por más mayores que se hagan sus hijos siempre tienen el instinto preparado.

Aparca ya– me dice Miguel con tono autoritario. –Seguro que ya no encuentro tallas- sigue con voz desesperada. -Ya voy, ya voy…te tienes que controlar en época de rebajas, debes saber que tienes que comprar solamente si es necesario, no gastar por gastar Miguel- le contesto.

No abrimos paso como podemos entre la muchedumbre que abarrota Raza, la ansiedad por conseguir el precio más bajo es latente en el gran local. Los codazos y los empujones están a la orden del día y nos cuesta más de diez minutos encontrar los pantalones que Miguel estaba buscando, los de la línea “Éticus”. Miguel los despliega y mostrándome una gran etiqueta exterior dónde aparecen unos símbolos creados por la propia marca, me dice- ves, aquí tienes la prueba de que Raza está dando un paso hacia la sostenibilidad y el comercio justo, mira estos símbolos, así lo atestiguan- 

Me acerco la etiqueta a la cara y le digo –pero si estos símbolos los ha creado la propia marca, ¿tú te lo crees?

Déjalo!, ya hablaremos, ahora me los quiero probar– me manda Miguel mientras se pone a hacer la cola de los probadores.

Después de treinta interminables minutos y de que Miguel tuviese una pequeña trifulca con dos jovencitas que se intentaron colar, llega nuestro turno. Miguel siempre quería que le acompañasen a los probadores, según él tenía miedo a estar solo en un sitio cerrado, incluso había llegado a tratarse con Eli, pero por lo que parece no había llegado nunca a acabar la terapia. Era una situación incómoda para mi pero que con el tiempo ya había llegado a aceptar.

uffff, no puedo abrchármelos, pero si es la talla 42, ¡es mi talla!– soltó Miguel mientras intentaba meter barriga para abrocharse los pantalones.

Vaya, déjame ver la talla, a ver si has cogido una 40– le dije mientras intentaba doblarle la cintura de los pantalones para sacar la etiqueta interior.

-Bueno, ¿qué?, ¿que talla es finalmente?- dijo Miguel con voz cansada. Al no oir mi respuesta se giró y miro mi cara fijamente.

-Mi…mi…mira esta etiqueta- le dije con voz temblorosa mientras le enseñaba la etiqueta que se había desprendido del pantalón. Mi cara se había quedado blanca y entre el calor de los probadores y los nervios de la situación, empecé a tener palpitaciones y casi me desmayo. Lo que ponía en la etiqueta era que…

Continuará…

Lee aquí la primera parte.

Mensaje en una etiqueta, de Barcelona a Bangladesh

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Cuando Miguel me llamó para ir de Rebajas a la conocida cadena de Fast Fashion Raza no me hizo ninguna ilusión, ya hacía unos meses que no nos veíamos, justo des de que había empezado mi proyecto de fabricar quesos artesanales con leche ecológica de cabra. Y no era que no tuviese muchas ganas de charlar con mi mejor amigo pero lo de asistir en directo a la locura sin límite de la apertura de puertas el primer día de rebajas, eso traspasaba mis principios e ideales.

Miguel insistió e insistió, estaba decidido a demostrarme que Raza estaba dando un paso hacia la sostenibilidad y su nueva línea de ropa llamada “Eticus” cumplía punto por punto todos los criterios de ecología, comercio justo y justicia social por los cuales yo me movía des de hacía mucho tiempo. Buuuuf – le dije – Tengo que terminar los quesos de hoy, llevar a los niños con sus abuelos y luego pasaré a buscarte- anadí finalmente.

Cuando colgué el teléfono maldije a Miguel por ser tant insistente, él sabía que yo había abandonado mi trabajo de diseñador de ropa infantil en la otra gran multinacional I&N cuando me empecé a dar cuenta de que tras cada diseño que realizaba se escondían casos de explotación laboral en algún país tercer mundista, vertidos de productos químicos directamente a los ríos que producían una gran contaminación y mortaldad. Yo no puede aguantar eso, esa presión de saber que estás colaborando en esa miseria y te obligan a mirar al otro lado.

Fue en mi segundo viaje a Bangladesh cuando me di cuenta de eso, todo parecía estar en orden hasta que me llevaron al taller subcontratado por nuestro taller principal. Si en el primero las condiciones ya eran malas de por sí, con una calor insoportable y una ambiente irrespirable, allí la imagen era esperpéntica, la gente se amontonaba entre las máquinas que hacían un ruido insoportable, los gritos de los encargados pidiendo que los trabajadores fuesen más y más rápido te retumbaban en la cabeza cuando llevabas diez minutos allí. El olor a sudor se mezclaba con la de los productos químicos que utilizaban para teñir las camisetas que luegon serían vendidas a 6 € en cualquier capital europea o en Estados Unidos.

Pasando entre los estrechos pasillos empecé a oir gritos, un grito aterrador se oyó por toda la fábrica, a un chico de no más de 13 años se le había quedado enganchado el brazo en la máquina que se utiliza para plegar la ropa antes de empaquetarla. Sorprendentemente nadie corrió hacia él para ayudarle, miré hacia el encargado que tenía a mi lado y se limito a encoger los hombros y soltar –es sólo un chaval-. Le dejé allí y corrí hacia el chico, cuando llegué ya se había desmayado…tenía el brazo destrozado. El encargado me cogió por el antebrazo y me obligó a salir de la sala, no estaba autorizado a interaccionar con los trabajadores. Cuando salí alcancé a ver que habían permitido a los demás trabajadores a ayudar al pobre chico y yacía en el suelo inmóvil. Nunca supe nada más de ese chico por más que pregunté en mi empresa.

Ahí fue cuando decidí dejar ese trabajo y seguir una vida más acorde con mis principios de ecológica, ética y sostenibilidad. Lo dejé todo y nos fuimos mi mujer y nuestros dos hijos a vivir a una masia que mi tío había restaurado y nos dejó en herencia. Aún no sabía de que íbamos a vivir, o almenos qué iba a hacer yo allí, por suerte mi mujer tenía un despacho de psicología que funcionaba más que correctamente y nos permitía vivir dignamente, almenos durante un tiempo.

Para acompañar a Miguel decidí vestirme con mis mejores galas ecológicas, para hacer el contrapunto a las masas que irían a buscar la moda Fast Fashion, yo con pantalones Fox Fibre, polo Mandacarú y unas sandalias Nagore…nada más, algodón ecológico y comercio justo, me sentía orgulloso de ser así.

Continuará…