Diez motivos para conectar a los niños con la naturaleza

El 5 de Junio es el Día Mundial del Medio Ambiente y este año la principal protagonista es la Naturaleza, bajo el lema ‘Estoy con la Naturaleza’.

Para los niños, la naturaleza es la mejor aula a la que pueden asistir los 365 días del año y que les aporta múltiples beneficios, tanto físicos como emocionales.

Evitar el “trastorno por déficit de la naturaleza” es a lo que nos retan las Naciones Unidas este año, para descubrir maneras divertidas y apasionantes de experimentar y promover esa interrelación.

Existen muchos motivos para conectar a los niños con la naturaleza y protegerla y hoy hemos recopilado los 10 principales. Los niños que viven en entornos rurales son:

  1. Más conscientes del cuidado de todo lo que les rodea, y esto les aporta una mayor concentración y autodisciplina.
  2. Más imaginativos, tienen más facilidad para divertirse y colaborar en grupo.
  3. Más observadores, muestran más capacidad de razonamiento. Los niños, cuando se encuentran en espacios abiertos, tienen más sensación de libertad, de moverse libremente y de observar.
  4. Más seguros, independientes y desarrollan menos miedos e inseguridades. Se atreven a entrar en el bosque, a sentarse en el suelo sin importarles si se ensucian y a saltar las piedras que se encuentran por el camino sin quejarse.
  5. Emocionalmente positivos, albergan más vitalidad, felicidad y manifiestan una armónica satisfacción con la vida (Capaldi, Dopko y Zelenski, 2014). El contacto con la naturaleza está implicado directamente con el movimiento, favoreciendo su desarrollo intelectual y el aprendizaje cognitivo.
  6. Más sanos. En los espacios abiertos, corrientes de agua, bosques o cuando llueve se generan iones negativos que son buenos para la salud y el estado de ánimo. Numerosos estudios han relacionado la exposición a la naturaleza con el incremento de la vitalidad y una mayor sensación de felicidad.
  7. Más tolerantes a la frustración, algo esencial para su bienestar emocional. Tropiezan, se mojan, se caen, se mantienen erguidos frente al viento. No pueden controlar ciertas circunstancias, pero sí manejar su actitud frente a ellas.
  8. Más empáticos, potenciando su capacidad de ponerse en el lugar del otro, ver la realidad desde otro punto de vista, fuera de ellos. Según una investigación de Sevillano Triguero (2007), las personas menos empáticas se muestran poco interesadas por los problemas ambientales, como si no les afectaran.
  9. Más serenos. Presenciar un entorno natural genera mayor serenidad, al potenciar la capacidad de observación y atención plena.
  10. Aprendices activos. Tocar, oler, oír… son experiencias a través de las cuales es más fácil aprender, que sentado en un pupitre.

Obviamente, no todo es así de fácil y detrás de todo contacto con la naturaleza debe haber una inmersión consciente y sin prisas. Pero la intención es lo que cuenta y con tiempo y paciencia podemos acercar a nuestros hijos a la naturaleza. Tenemos suficientes motivos.

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